Sobre el juego
Cada frase de este juego se pronunció en el Congreso de los Diputados entre 2023 y 2026. Tu tarea es decidir si la dijo la izquierda (PSOE o Sumar) o la derecha (PP o Vox), y cuánto te juegas a que aciertas.
Parece fácil, porque solemos pensar que reconocemos a un partido por cómo habla. Este juego pone a prueba esa intuición con frases reales y con su fuente oficial enlazada.
Qué mide
No mide lo que sabes de política ni tu opinión: no te preguntamos qué piensas de nada, solo a quién atribuyes cada frase. Lo que mide es cuánto falla el eje izquierda-derecha como predictor de lo que se dice en el Congreso, tema por tema.
Lo más interesante no es cuánta gente acierta, sino cuánta se equivoca estando segura. Una frase que nadie sabe colocar no dice mucho. Una frase que la mayoría atribuye con seguridad al bloque equivocado dice algo sobre cómo nos imaginamos a los partidos. Por eso cada respuesta es una apuesta: "creo que" o "seguro".
Qué dice la investigación
El fenómeno está estudiado, sobre todo en Estados Unidos. Tres trabajos explican por qué este juego puede resultar más difícil de lo que parece:
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Percibimos más polarización de la que hay. En tres estudios, Novoa y sus coautores encontraron que la polarización percibida entre demócratas y republicanos era sustancialmente mayor que la real. Una de las causas que proponen es que formamos generalizaciones sobre los grupos ("los demócratas apoyan la discriminación positiva") a partir de evidencia que no las sostiene, y que recordamos como generales afirmaciones que no lo eran.
Novoa, G., Echelbarger, M., Gelman, A. y Gelman, S. A. (2023). Generically partisan: Polarization in political communication. Proceedings of the National Academy of Sciences. doi:10.1073/pnas.2309361120
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Quién lo dice cambia lo que creemos. Swire y sus coautores mostraron que la misma afirmación resultaba más o menos creíble según se atribuyera o no a una figura política, en sentidos opuestos para sus partidarios y sus detractores. Por eso aquí la frase aparece sin autor y el autor se revela después de responder.
Swire, B., Berinsky, A. J., Lewandowsky, S. y Ecker, U. K. H. (2017). Processing political misinformation: comprehending the Trump phenomenon. Royal Society Open Science. doi:10.1098/rsos.160802
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Atribuimos a favor de los nuestros. Zell y sus coautores documentaron un sesgo partidista al atribuir resultados políticos, como el crecimiento económico o la desigualdad: lo bueno se atribuye más al propio partido y lo malo, al contrario. El sesgo era mayor cuanto más extrema la ideología.
Zell, E., Stockus, C. A. y Bernstein, M. J. (2021). It's their fault: Partisan attribution bias and its association with voting intentions. Group Processes & Intergroup Relations. doi:10.1177/1368430221990084
El precedente más cercano en forma es The Perception Gap (More in Common, 2019): un test público que encontró que demócratas y republicanos imaginan casi el doble de opositores con opiniones extremas de los que realmente hay. La diferencia es el instrumento: aquel test pregunta por percepciones; este presenta frases reales, verificables una a una.
Qué pretendemos
Reunir suficientes respuestas para publicar un dato agregado por tema, del tipo "en sanidad, un N% de las frases se atribuye al bloque equivocado, y un M% de esos errores se comete con seguridad". Se publicará describiendo lo que pasó, sin conclusiones políticas: el juego no dice que los partidos digan lo mismo ni que nadie mienta. Mide cómo atribuimos.
Cómo se eligen las frases, qué límites tiene el método y cómo se tratan los datos está en la metodología, publicada antes de tener resultados.
Lo que no es
- No es una herramienta de verificación: no juzga si una frase es verdad.
- No es una encuesta: no recoge tu opinión ni ningún dato que te identifique.
- No elige frases a mano: ninguna entra ni sale por decisión de una persona.